¿Por qué no te acuerdas de todo lo que aprendes?

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Seguro que hace años estudiaste algo llamado logaritmos, integrales, derivadas,… Seguro que aprendiste a ajustar fórmulas químicas y que la tabla periódica no era ningún secreto para ti.¿Recuerdas para qué servían? Probablemente ni  ahora ni antes. 

Y es que para asimilar cualquier concepto hay que aprender sobre esa noción en concreto y también saber cómo es el proceso de aprendizaje. Y este último es lo que nos hace retener lo aprendido ahora y hace tiempo.

¿Cómo podemos acordarnos de lo que hemos aprendido? En El Confidencial nos explican cuatro pasos fudnamentales para empezar a aprender de verdad y no sólo a memorizar.

1. Pon a prueba tu memoria, a diario
Lo sentimos pero nadie dijo que fuese fácil. Lo cierto es que para que el aprendizaje sea realmente efectivo tenemos que esforzarnos y emplear tiempo. Los investigadores creen que cuanto más difícil resulte mejor se estará haciendo. Cada día deberías obligarte a recordar un dato o un hecho.

2. Cuidado con la soltura
“Cuando estás leyendo algo y te resulta fácil, estás experimentando lo que se conoce como fluidez o soltura. Y eso solo conduce a problemas y a hacer las cosas por inercia y sin pensar”, explica Drake Baer en ‘Business Insider’.
Y nos pone un ejemplo: llegas al aeropuerto y tratas de recordar dónde estaba la puerta de embarque por la que saliste la última vez hacia tu destino. Miras en los monitores y ves que indica la misma que la última vez, así que echas a andar sin pensarlo… Y de pronto olvidas hacia dónde ibas exactamente. Según el experto, si en lugar de poner el automático, miramos en las pantallas, preguntamos a alguien y hacemos varios ejercicios mentales para estar atentos permanentemente a lo que estamos haciendo, mejoraremos nuestra memoria a medio y largo plazo.

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3. Conectar nuevos y viejos conocimientos
Si somos capaces de relacionar nuestros nuevos conocimientos con otros bien asentados en nuestra cabeza, resultará más sencillo que se nos queden los recién aprendidos. Algo así como cuando en un artículo que leemos en una página web nos enlazan a través de hipervínculos a contenidos relacionados para ampliar información, pero en nuestra cabeza. Una técnica sencilla para relacionar nuevos conocimientos con antiguos es buscando nexos de unión sencillos. Por ejemplo, si acabas de descubrir cómo entran los líquidos en ebullición, puedes relacionarlo con una taza de café caliente y tus conocimientos sobre esta bebida.

4. Reflexionar, reflexionar y reflexionar
Según demostró un estudio realizado en la Universidad de Harvard, las personas que tienen más tiempo para poder recordar y recopilar datos son capaces de retener más información, por ejemplo, sobre lo que ha ocurrido durante su jornada laboral.
“Cuando la gente tiene la oportunidad de reflexionar, experimenta un aumento en la autoeficacia: se sienten más seguros de ser capaces de lograr cosas, y, en consecuencia, ponen más esfuerzo en lo que están haciendo y lo que aprenden”, explicaba la profesora y coautora de la investigación Francesca Gino.

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